MOLLY DAVIS
Deteniéndose justo cuando ya se había puesto los pantalones, Alexei comenzó a vestirme a mí, como si fuera su muñequita personal, ajustando la cremallera de mi vestido, acomodando los tirantes e incluso hincándose ante mí para ponerme los zapatos. Todo lo hacía con una adoración que hacía temblar mi corazón, mientras dejaba pequeños besos en mis hombros, en mi cuello e incluso en mis piernas, así como caricias sutiles, como si no se sintiera capaz de controlar sus deseos por tocarme.