MOLLY DAVIS
Me senté a orilla de la alberca y metí mis pies, empujando el agua con mis pantorrillas de manera alternada, mientras la mirada de Alexei se clavaba en mi espalda.
Él permanecía cerca, vigilante, pero discreto. Cuando volteé me sonrió con una ternura infinita que derritió mi corazón. Sentado en una de las sillas para tomar el sol, con su camisa blanca desabrochada y sus manos descansando sobre sus muslos, parecía tranquilo y sereno.
—¿Piensas quedarte todo el día aquí, conmigo? —p