MOLLY DAVIS
—¿Qué están viendo? —escuché a Alexei a mis espaldas—. Limpien todo, cambien las sábanas y llévense la basura.
Apenas volteé lo suficiente para ver a las sirvientas asomadas, como ratoncitos asustados, con la puerta apenas abierta, lo suficiente para ver lo que había ocurrido. Cuando mi mirada estaba a punto de bajar hacia el cuerpo del ayudante, Alexei me tomó en brazos con una facilidad que me dejó en claro la potencia de sus músculos.
—Ni siquiera pierdas tu tiempo viendo lo que