ROCÍO CRUZ
Alexei y yo nos vimos a los ojos por largos segundos. Esperaba que despreciara mi oferta, que se riera en mi cara, diera media vuelta y me dejará ahí. Prefería la humillación y la vergüenza a acompañarlo a su departamento, aunque ese fuera el plan.
Sin apartar la mirada, levantó la mano, haciendo que uno de los meseros se acercara casi corriendo. Todos conocían quién era él y nadie quería hacerlo enojar.
—Quiero hablar con el director del Louvre cuanto antes —dijo Alexei y me guiñó