JAMES CARTER
—Señorita Rocío, se ve muy linda el día de hoy —dijo Ágata recuperando la compostura—. Se ve que el ejercicio con el libro ha surtido efecto, tu postura es apropiada, ya no desgarbada como de costumbre.
—Sí, supongo —contestó Rocío alisándose la falda y con esa actitud nerviosa. No parecía orgullosa de su logro y la comprendía, podía apostar que sentía que estaba dejando de ser quien era para convertirse en alguien más, y eso no es muy agradable cuando eres feliz como estabas.
—B