DAMIÁN ASHFORD
Carter, aún con los brazos extendidos y la confusión dominando su rostro, frunció el ceño y negó con la cabeza mientras Shawn se alejaba, abrazando a mis hijos como si fueran dos muñecos de peluche, que pronto dejó en el escritorio de Gina, y mientras ella los recibió con emoción y mimos, Shawn mantenía la mirada fija en ese mudo, siguiendo cada uno de sus movimientos como si fuera un oso protector.
¿Qué magia tenían mis pequeños que parecían conquistar el corazón incluso de las