ANDY DAVIS
Abrí los ojos y la cabeza me daba vueltas. Los techos blancos y las luces frías me avisaron que no estaba en casa, pese a que mis ropas fueran las mismas que portaba antes de salir de ella. De pronto me levanté abruptamente, con el corazón acelerado: ¡Mis bebés! Los mellizos fueron lo primero en lo que pensé.
—¡Por fin despertaste! —exclamó lo que parecía una enfermera, entrando a la habitación con su habitual atuendo y un cubrebocas que solo me dejaba ver sus ojos—. ¿Cómo te siente