El vaso se le resbaló de las manos, estrellándose contra el suelo en un estallido de cristal que pareció resonar en cada rincón del bar. El sonido seco cortó el aire como una cuchillada, y por un segundo, todo quedó en suspenso.
Sabrina sintió que el tiempo se detenía, como si cada fragmento de vidrio que volaba en el aire fuera un reflejo de la quebradura que ella misma experimentaba en su interior. Su respiración se entrecortó y su corazón comenzó a latir con tal fuerza que casi le dolió. Un