El sol se alzaba sobre las aguas turquesas del Mediterráneo, tiñendo el horizonte de un color naranja sucio. El escenario era de una belleza engañosa.
Enzo Bianchi estaba a bordo del Neptune, un yate de lujo que no era suyo, sino propiedad de su anfitrión: Arturo López.
López, el viejo lobo de mar, un capo con la reputación de ser más peligroso en el cese de hostilidades que en el combate abierto, esperaba a Enzo en la cubierta superior. El aire era denso, saturado con el olor salino del mar y