Alexander
Las armas estaban frente a mí, alineadas como soldados preparados para la batalla. Mis manos, ya acostumbradas a la rutina, comenzaron a cargar cada una con precisión automática. El sonido metálico de los cargadores me daba una sensación de control mientras mis ojos vigilaban a Deán, Dexter y y Marvin, quienes se cuadraron a mi señal. Cuando disparé, las balas dieron en el blanco sin titubeos. Habíamos pasado dos días en ese juego macabro, perfeccionando cada movimiento, cada disparo