De camino a su casa no me dirige la palabra, aunque tampoco protestó cuando dije que la llevaría yo mismo.
Mira por la ventana, perdida, esquivándome.
No la presiono. Sé que está molesta... y con razón.
Dayanara me ha jodido semanas de esfuerzo.
Exhalo con fuerza y llevo mi mano a su rodilla. Necesito arreglar esto. No puedo permitirme perderla.
No otra vez.
—Georgina... lo siento.— Me mira con dureza.
—¿Por qué lo siente? ¿Por haber dicho que se casará conmigo cuando es mentira?—
—¿Men