—Pensé que me llevarías a casa.—
—Estás en casa.—
—Esta no es mi casa, es tu casa.—
—Lo sé... sobre eso quería hablarte. Quiero que vivas conmigo.—
Su rostro se transforma en un poema de terror. Me mira largo rato, sus ojos reflejan una mezcla de desconcierto y miedo.
—N-o... no podemos vivir juntos... cuando Dayanara venga y me vea aquí, puede armarse un escándalo y...—
La tomo por los hombros, mi contacto suave pero firme, como si intentara transmitirle toda la calma que no siento. Acar