Fin.
Mi hijo Giorgio estaba en brazos de su madre. Amaba verlo sobre ella, amaba verla a ella.
Mis padres lloraron al contemplar al bebé. Mi padre, con el corazón conmovido, le pidió disculpas a Georgina por sus modales fuera de lugar.
Giorgio era un gordito precioso, con pequeñas manchas rojas en su carita.
—Eres la mamá más bella del mundo— susurré antes de besar sus labios.
Ella me miró con devoción, sus ojos reflejaban un amor absoluto.
—Al fin es mío— murmuró, abrazando a nuestro hijo con