Cuando vi a Leo en mi habitación, el aire se me atascó en la garganta. Era lo último que esperaba. Lo más lejos que podía imaginar.
Me había resignado a que lo nuestro había terminado.
Un mes separada de él... convencida de que me había superado.
Pero por más que intenté hacerme la dura, su olor corporal me envolvió como un anzuelo invisible. Era intenso, varonil, delicioso. Y ante eso, no tuve voluntad para detenerlo.
Su manera de amarme oscilaba entre lo salvaje y lo delicado, una fusi