Capítulo 9.
La mañana siguiente no trajo la paz a la mansión, sino el inicio del fin. El despacho de Liam se había convertido en un campo de batalla. Los teléfonos no dejaban de sonar y los gritos de su jefe se escuchaban hasta en la cocina.
Elena, sentada en el comedor con una taza de té entre las manos, observaba cómo el mundo de Liam empezaba a resquebrajarse.
Dante estaba allí, de pie en un rincón del despacho, cumpliendo con una frialdad absoluta su papel de guardaespaldas.
A pesar del incidente de la