Capítulo 7.
El silencio en la terraza fue interrumpido bruscamente por el sonido de las puertas dobles abriéndose de golpe. Liam entró como un huracán, con el rostro congestionado por la rabia. Detrás de él, dos de sus guardias personales intentaban mantener el paso.
Al ver a Hamilton en el suelo, gimiendo y sujetándose la mano destrozada, Liam sintió que su mundo de negocios se desmoronaba.
—¡¿Qué has hecho animal?! —gritó Liam, con la voz quebrada por la histeria—. ¡Dilan! ¡¿Qué demonios le has hecho al