El trayecto de regreso a la mansión fue una procesión silenciosa. Las luces de la ciudad de Caracas se deslizaban por la ventana como estrellas fugaces, distantes y frías, mientras mi mente seguía atrapada en aquel pasillo de hospital, bajo la mirada inquisidora de Ian. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rastro de miedo en sus ojos cuando Noah mencionó la preeclampsia. ¿Por qué le importaba? ¿Era curiosidad clínica o el remanente de un hombre que, a pesar de todo, aún sentía algo por la muj