El sol de la mañana entraba por los grandes ventanales del hospital, inundando los pasillos con una luz dorada que, al menos para mí, parecía mucho más brillante que la de hace un año. Caminar por la sección de traumatología ya no me provocaba ese nudo de ansiedad en el estómago; ahora, cada paso que daba resonaba con la seguridad de quien sabe exactamente quién es y qué lugar ocupa. Mi placa de identificación ya no decía "Residente" ni "Especialista en entrenamiento". Por fin, tras meses de ev