La casa de Noah estaba sumida en un silencio sepulcral, apenas interrumpido por el suave siseo del viento nocturno contra las ventanas. Habíamos pasado el día entero lidiando con la realidad legal que se nos venía encima; llamadas con abogados, correos electrónicos de la junta del hospital y el eco constante de la detención de Victoria resonando en nuestra conciencia. Pero ahora, con los niños dormidos y el mundo exterior suspendido en una pausa forzada, el estudio de Noah se sentía como el úni