Narrado por ZoeEl turno de noche me había dejado una sensación de vacío en el pecho, una mezcla de agotamiento físico y el eco persistente de los gritos de Ian en el pasillo de enfermería. Me dolía el cuerpo, pero me dolía más el orgullo. No entendía su odio; era él quien me había puesto precio, él quien había planeado un futuro con Leticia mientras me besaba, y sin embargo, me miraba como si yo fuera la villana de una historia que él mismo había escrito.Al entrar en la cafetería del hospital, el aroma del café recién hecho y las tostadas intentó darme una calurosa bienvenida que mi ánimo no estaba listo para aceptar. Mis ojos recorrieron el lugar y, en la mesa central, bajo la luz más brillante, los vi.Era el retrato de una vida que alguna vez deseé y que ahora me resultaba ajena. Allí estaban: Marcos y Elena compartiendo un bagel, Santi riendo de algo que veía en su teléfono, e Ian. Ian estaba sentado frente a Leticia, quien lucía impecable incluso a las siete de la mañana, movien
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