El gran salón del club privado resplandecía con una opulencia artificial que me revolvía el estómago desde el primer minuto. Lámparas monumentales de cristal de bohemia colgaban del techo, proyectando destellos sobre los fastuosos centros de mesa compuestos por orquídeas blancas importadas, mientras el murmullo ensayado de la élite médica e inmobiliaria de la ciudad inundaba el aire. Era mi propia cena oficial de compromiso; el evento social perfectamente calculado que sellaría de por vida mi f