Ya pasaba la medianoche.
Las luces de la ciudad iluminaban como estrellas artificiales desde la ventana de mi penthouse, pero ni siquiera su esplendor lograba distraerme. Había firmado contratos, brindado con hombres que valen más muertos que vivos, y rechazado a un modelo que cualquier otro mataría por tener. Pero no dejaba de pensar en ella.
La mujer de Peter...Jessy.
El nombre me sonaba como una melodía peligrosa desde que me detuve a leerlo. Lo repetía en mi mente con una cadencia enfermiza