Cordelia
Estaba agotada.
Mi cuerpo ya no era mío desde hacía tiempo.
Lo sentía como una armadura mal ajustada: pesado, torpe, con cada músculo al borde de rendirse.
Y sin embargo… mis piernas seguían funcionando... llevándome hacia adelante.
Los espectros a mi alrededor ya no se movían con la misma energía etérea de días atrás. Sus sombras eran más densas, más opacas.
Con la poca magia que tenían, me protegían hasta del aire. Como si supieran que esta vez… algo estaba por llegar a su fin.
M