Cordelia
Lo hice.
No sé si lo pensé o lo dije en voz alta, pero lo sentí. Como un latido certero... un eco resonando en mis huesos.
El cuerpo del demonio estaba tendido en la arena, inerte y calcinado desde dentro.
Un silencio reverente se había apoderado del público, ese mismo que minutos antes pedía mi cabeza como entretenimiento principal.
La esfera de luz desapareció al mismo tiempo que mis fuerzas. Sentí el cuerpo entumecerse, los músculos vibrar, la cabeza volverse un caos de imágenes y