Fernanda
Nunca pensé que iba a pasar mis años de muerta apostando en peleas clandestinas de demonios.
Y mucho menos por mi mejor amiga.
—¡Mil a que lo desintegra en cinco minutos! —le dije al espectro que flotaba al lado mío con cara de momia aburrida.
El tipo me miró como si yo estuviera loca. Pero hey, tenía fe en mi amiga. No sé si era eso o simplemente negación. Pero una de las dos me daba esperanzas de que Cordelia pudiera levantarse de esa maldita arena.
—¿No? ¿Muy poco? —saqué del bols