Cordelia
La respiración de Zeiren era lenta y profunda. Su cabeza estaba apoyada en mi pecho, su brazo rodeando mi cintura, como si no quisiera soltarme ni en sueños.
Deslicé los dedos por su cabello húmedo, enredándolos suavemente en los mechones oscuros.
Se sentía tan diferente así, vulnerable, entregado al sueño después de todo lo que había pasado. No podía culparlo, su cuerpo había llegado al límite, su mente había estado al borde del abismo.
Aún podía ver la preocupación en su expresión;