Cordelia
El supermercado estaba casi vacío, lo cual agradecí.
No tenía energía para lidiar con multitudes ni con miradas curiosas. Empujé el carrito entre los pasillos, tratando de concentrarme en elegir lo esencial y no en la fantasma que flotaba a mi lado con una sonrisa de autosuficiencia.
—Así que ahí estaba yo —susurró Fernanda con dramatismo—, rodeada por tres espectros de hombres irresistibles... y deseosos de poseerme... Claro, no como Damien hizo contigo en el calabozo....
—Fernanda…