Laura salió del despacho en silencio, cerrando la puerta con suavidad detrás de ella. Thomas se quedó solo. El tic-tac del reloj antiguo marcaba los segundos con una insistencia casi burlona. Apagó el cigarro en el cenicero y se pasó una mano por el rostro, arrastrando el cansancio que llevaba acumulado desde hacía días.
Se levantó y caminó hasta la ventana. Desde allí podía ver parte de los jardines iluminados tenuemente. Todo parecía tranquilo, demasiado. Pensó en Daniela, en la forma en que