La señora Kan, aún sin comprender del todo qué acababa de ocurrir frente a sus ojos, dio un paso al frente, quedando cerca de Thomas. Su rostro reflejaba desconcierto, como si las piezas no terminaran de encajarle.
—Laura, ven a mi despacho. Necesito que hablemos sobre la nueva asociación con los Ruch —dijo Thomas con voz firme, colgándose la chaqueta de un hombro.
Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras de mármol. El sonido de sus zapatos resonó con eco en la ma