El despacho de Thomas había quedado en silencio. Afuera, el murmullo habitual de la oficina comenzaba a retomar su ritmo, pero dentro todo parecía suspendido en un instante extraño.
Daniela estaba de pie frente al ventanal. La ciudad se extendía bajo sus pies, gris y viva, pero ella no la veía realmente. Su atención estaba fija en su propia muñeca. La giraba despacio, una y otra vez, observando esa marca que había llevado siempre, pero que nunca antes había sentido tan pesada. El gesto de la mu