El trayecto hasta la sede de la empresa transcurrió en un silencio denso, casi palpable. El coche avanzaba con suavidad por las avenidas de Tokio, entre rascacielos de cristal, carteles luminosos y un orden impecable que contrastaba con el torbellino interno de ambos. Daniela mantenía la mirada fija en la ventana, observando cómo la ciudad despertaba con una precisión casi coreografiada. Sus manos descansaban sobre el portafolio, apretándolo de vez en cuando como si fuera un ancla. Thomas, sent