Ya estaban listos para salir.
Un chófer los esperaba afuera del hotel, de pie junto al automóvil oscuro, con las manos cruzadas al frente y la mirada fija en la entrada. Daniela revisaba con cuidado que todo estuviera en orden dentro del portafolio: los documentos clasificados, la carpeta con los informes, la laptop del señor Kan bien protegida. Sus movimientos eran precisos, casi mecánicos, como si aferrarse a esa rutina la ayudara a mantener la calma.
Thomas estaba en el balcón, de espaldas a