Había pasado casi una hora desde que Daniela había salido de la oficina.
El despacho de Thomas permanecía en silencio, demasiado silencioso para alguien como él, acostumbrado al constante ir y venir de asistentes, llamadas y decisiones. Permanecía de pie junto a la ventana, con una mano apoyada en el cristal, observando distraídamente la ciudad mientras su mente no lograba concentrarse en nada concreto.
El incidente con Laura aún le hervía la sangre.
Pero lo que más lo inquietaba era la ausenci