El lunes por la mañana, Daniela llegó como de costumbre al Grupo Kan.
La imprenta era un verdadero revuelo. Pantallas enormes habían sido instaladas en distintos puntos del edificio y en todas aparecían sus imágenes ya seleccionadas. Su rostro, ampliado, perfecto, convertido en la imagen principal de la empresa. Aquello la hizo sentir incómoda desde el primer instante, como si su vida privada hubiera sido expuesta sin pedirle permiso. Los trabajadores la miraban más de lo habitual, algunos la s