Capítulo 35: El Tejido de la Eternidad
El silencio que siguió a la partida de Alaric hacia las profundidades de la base fue más ensordecedor que cualquier explosión orbital. Isolde permaneció en el centro de la cámara de obsidiana, con el niño apretado contra su pecho, sintiendo cómo el vínculo que la unía a su marido se estiraba hasta un punto de tensión insoportable. No era solo una conexión emocional; era un cordón umbilical de energía pura que vibraba con cada paso que Alaric daba hacia la