Capítulo 60: El Secreto tras el Velo de Seda
El regreso desde el manantial termal hacia la estancia principal fue como transitar por un sueño de vapor y sombras. Envueltos en gruesas mantas de lana que apenas lograban contener el calor que todavía irradiaba su piel, Alaric e Isolde se acomodaron frente al hogar, donde las brasas de pino emitían un fulgor rojizo y reconfortante. El contraste entre la humedad cálida que aún sentían en el cabello y el aire gélido que golpeaba los muros exteriores