Capítulo 62: El Latido bajo la Piel
La quietud que siguió a la tormenta de nieve no era un vacío, sino una presencia viva que envolvía la casa de piedra como una mortaja de seda. Dentro, el mundo se reducía a lo esencial: el aroma de la madera quemada, el calor de las pieles y el sonido rítmico de la respiración de Isolde. Alaric se había acostumbrado a despertar mucho antes que el sol, disfrutando de ese espacio de tiempo donde el pasado de sangre y fuego no lograba alcanzarlo. En la penumbra