Capítulo 33: El Canto de los Cristales del Desierto
El amanecer en Atacama no fue una caricia, sino un asalto de oro y fuego que barrió las sombras de las dunas. El frío glacial de la noche se evaporó en minutos, reemplazado por un calor seco que hacía que el aire vibrara sobre la arena. Alaric se despertó primero, con los sentidos todavía enredados en el sueño de la caída, pero sus manos reaccionaron instintivamente, apretando a Isolde contra su pecho antes incluso de abrir los ojos.
Ella esta