Capítulo 19: El Latido en el Abismo
El agua del Pacífico, gélida y voraz, comenzó a rugir a través de las brechas del casco del Leviatán. El metal se retorcía con alaridos que recordaban a los de una criatura prehistórica agonizando. En el puente de mando, la inclinación de la cubierta era ya de quince grados, convirtiendo el suelo de obsidiana en una rampa resbaladiza bañada por el aceite de las máquinas y la espuma del mar.
Isolde corrió hacia la cámara acorazada, sus pies descalzos golpeando