Capítulo 20: El Refugio de la Aurora de Sal
El rugido del océano fue quedando atrás, transformándose en un susurro rítmico mientras la cápsula de salvamento mecía a la pequeña familia sobre un manto de zafiro y plata. Dentro del reducido habitáculo, el aire estaba cargado de un magnetismo residual, pero sobre todo, de una humanidad cruda y desbordante. Alaric permanecía sentado contra el panel de control, con sus piernas largas extendidas, sirviendo de cuna para Isolde y el niño.
La luz del ama