En la suite de la séptima planta, el silencio tenía una textura diferente a la de la unidad de cuidados intensivos. Aquí, el aire no olía solo a hospital, sino a un lujo estéril y silencioso. Alaric Vance estaba sentado en un sillón de cuero junto a la cama de Julian. Había apagado la mayoría de las luces, dejando solo el suave resplandor azulado de los monitores que vigilaban el corazón de su hijo.
Por primera vez en cinco años, Alaric no tenía un plan. No había una estrategia corporativa ni u