Termino la llamada y observo la hora en la pantalla de mi móvil. Son las diez de la mañana. Tengo que moverme de prisa si pretendo llegar con puntualidad a la lectura del testamento. Me niego a creer que Lorna, haya decidido nombrarme como su heredera universal. No le esperaba y, para ser sincera, habría preferido que no lo hiciera.
―Abuelito, más rápido, más rápido.
Sonrío al oír las carcajadas de mi pequeña. Va gritando emocionada sobre las piernas de su abuelo mientras este acelera la veloc