Me siento impaciente. Requiere de toda mi fuerza de voluntad mantenerme sentado en la silla de mi escritorio y seguir trabajando mientras espero a mi abogado. Cruzo los dedos para que hoy mismo pueda tachar un nuevo punto de mi lista de asuntos sin resolver. Uno de los que me tiene más intranquilo.
Cinco minutos después, bufo resignado. Lanzo el bolígrafo sobre el escritorio y me froto la cara con las manos. No hay manera de que pueda concentrarme en el trabajo. Doy por terminada mi jornada lab