Valeria se despertó con un peso en el pecho. Eran las 5:52 a.m. El último mensaje de Rafael seguía flotando en el aire como una amenaza silenciosa: “Mañana a las 8 a.m. recibirás mi verdadero regalo final. Esta vez será algo que cambiará todo para siempre.”
Se levantó con cuidado, se puso una bata ligera y bajó a la terraza. El mar del Malecón estaba en calma, el viento suave traía olor a sal. Pero dentro de ella todo era incertidumbre.
Diego la encontró allí minutos después. La abrazó por detr