Quince años después de la partida de Lia, “La Casa de Lia” se había convertido en un modelo nacional. Tenían tres sedes más en diferentes provincias y habían impactado la vida de más de mil doscientos niños y jóvenes. Pero la casa original frente al mar seguía siendo el corazón de todo.
Mateo, con sesenta y cinco años, ya no dirigía el día a día. Había cedido el mando a Samuel, quien ahora era un arquitecto reconocido y coordinaba todo el proyecto. Él mismo se había convertido en el abuelo que