Valeria se quedó mirando el mar desde la terraza durante varios minutos. El sol ya había salido, pero ella sentía que la noche todavía no terminaba. El último mensaje de Rafael seguía flotando en el aire como una amenaza que no se disipaba: “Mañana a las 8 a.m. recibirás mi verdadero regalo final. Esta vez será algo que cambiará todo para siempre.”
Diego se acercó por detrás y la envolvió en sus brazos. Su calor era lo único que la mantenía anclada.
— Ya no puede hacernos más daño — dijo él en