Valeria miró la foto de los niños dormidos durante varios minutos. La silueta de Mateo, Emma y Lucas a través de la ventana era clara y aterradora. Rafael no estaba jugando. Estaba dentro de su casa, aunque fuera solo con una cámara.
Se levantó temblando y despertó a Isabella, que se había quedado a dormir en la habitación de huéspedes.
— Tengo que ir — dijo Valeria con voz firme pero rota—. Me cita sola en el Malecón a las 10. Si no voy, amenaza con uno de los niños.
Isabella palideció.
— Es u