Amaia.
El sonido del viento se cuela por las rendijas de la vieja mansión, como si se tratase de un eco que anuncia que algo está a punto de suceder… Reacomodo el chal sobre mis brazos cuando un escalofrío me invade. Ante mí el gran salón con cortinas cerradas y sobre la mesa una taza de té humeante.
Cierta sensación extraña me recorre, aunque no consigo identificar su causa. Sin embargo, los eventos de la noche anterior pueden ser una gran posibilidad. Busco el rostro de Diara, pero no se ha