Gael
Me inclino hasta que mis labios casi rozan la oreja de Amaia.
—Si me miras como si quisieras tocarme estaré tentado a permitirlo —digo en un susurro permitiendo que sienta el calor de mi aliento.
Su cuerpo se tensa, pero no me quedo para ver su reacción. Me alejo con lentitud disfrutando del dominio que ejerzo sobre ella sin siquiera tocarla. Me observa con fiereza mientras tomo una de las mantas y una de las almohadas, y sin decir nada más me dirijo al sofá.
—No vuelvas a acercarte a mí