Amaia.
— ¿Ha desaparecido?
Repito ante la incredulidad de lo que acabo de escuchar.
—Es lo que he dicho.
—Eso es imposible —murmuro, intentando avanzar hacia la puerta—. Debo ir a buscarlo.
Gael me intercepta con un solo paso, colocándose frente a mí con una calma impresionante.
—No es necesario —dice— Ya fui a la mansión Mountbatten y hablé con los pocos empleados que quedan —Tuerce los labios— Concuerdan en que tu padre subió a su habitación a descansar, pero cuando lo llamaron a cenar, ya n